De Obstáculo a Motor de Crecimiento
El miedo suele ser visto como un enemigo a evitar. Sin embargo, desde el coaching ontológico, el miedo no es algo que debamos eliminar, sino comprender y gestionar. El miedo, bien observado, puede convertirse en una guía poderosa.
El miedo aparece cuando percibimos una amenaza: al rechazo, al error, a lo desconocido. Pero no siempre refleja un peligro real; muchas veces es una interpretación basada en experiencias pasadas o creencias limitantes.
Por eso, el primer paso no es huir del miedo, sino reconocerlo.
Nombrarlo ya genera un cambio: “tengo miedo de fallar”, “tengo miedo de no ser suficiente”. Al hacerlo consciente, dejamos de ser dominados por él y empezamos a observarlo con mayor claridad.
Luego, podemos preguntarnos:
¿Qué me está queriendo mostrar este miedo?
¿Qué es importante para mí detrás de esto?
Muchas veces, el miedo señala justamente aquello que valoramos o deseamos. Si no nos importara, no habría miedo. En ese sentido, el miedo no es un freno, sino una señal de que estamos ante una oportunidad de crecimiento.
Transformarlo en acción implica dar pasos, aunque sean pequeños, en la dirección que queremos. No se trata de esperar a que el miedo desaparezca, sino de avanzar con él.
El coraje no es la ausencia de miedo, sino la decisión de actuar a pesar de él.
Cuando cambiamos nuestra relación con el miedo, dejamos de paralizarnos y comenzamos a usarlo como impulso. Y así, lo que antes nos detenía, empieza a movernos hacia adelante.
