¿No tenerlos claros tiene impacto en nuestra felicidad?
Hay varios conceptos que están muy estudiados en el ámbito empresario, y sin embargo muchas veces no vemos su relación, ni intentamos a aplicarlos a nuestra vida personal.
La Visión es la proyección en el futuro de cuál es el estado en que esperamos esté nuestra vida dentro de X tiempo, medido generalmente en meses o años. Su propósito es guiar, controlar y alentar las acciones para que dicha visión se vuelva realidad.
¿Qué posición te gustaría ocupar en 10 años en la empresa en que trabajas? ¿Quieres seguir trabajando allí o tener tu empresa propia? ¿Quieres seguir alquilando tu casa o te gustaría ser dueño?
Todos estos interrogantes y otros que puedes pensar tú mismo, orientados a aquellos aspectos de tu vida en los que quieras progresar, van marcando un camino, visto desde gran altura. No se vislumbran los detalles.
Aquí aparecen en escena los Objetivos. Un objetivo es un logro que uno se propone para un plazo de tiempo determinado. Ese objetivo debe ser cuantificable y concreto, además de estar alineado en el tiempo con la visión. Por ejemplo, puedo proponerme ser dueño de un departamento de 2 ambientes dentro de 3 años, o lograr que mi empresa facture un millón de pesos por mes en ese mismo lapso.
Con un objetivo en mente podemos empezar a delinear un plan que nos permita acercarnos a ese objetivo.
Para eso incorporamos la idea de Meta. Una meta es un objetivo a corto plazo: comparte los elementos de un objetivo (que sea medible, concreto y realizable, entre otros), pero se orienta a un plazo mensual o incluso semanal, o diario.
Puedo fijarme como meta, no gastar más de X monto de dinero el día de hoy, o lograr tanto de ventas esta semana.
Las metas deben estar alineadas con los objetivos, y estos con la visión. De nada sirve ponernos objetivos que, una vez cumplidos, no sabemos exactamente dónde nos han dejado ubicados. Es necesario tener una visión a futuro y elegir cuidadosamente nuestras acciones para nos acerquen a esa visión. Se trata de elegir el destino, luego la ruta y finalmente recorrer ese camino sin distracciones, y con paso firme.
Es el ir acercándonos a aquella visión que tenemos de cómo queremos que sean las cosas para nosotros, lo que nos hará sentir felices.
