Hemos perdido a un ser querido… ¿y ahora qué?
El duelo es un proceso normal. La expresión del duelo es la manera en que una persona reacciona a la pérdida
de un ser querido. Muchas personas creen que el duelo es una sola ocasión, un periodo breve de dolor o de
tristeza en respuesta a una pérdida, como las lágrimas que se derraman en el
funeral de un ser querido.
Puede ser sólo eso (ojalá así fuera), aunque suele ser más largo y
complicado.
Muchas veces nos negamos
a enfrentar el proceso de duelo. La dificultad de afrontar este proceso
reside en el impacto emocional que nos produce un hecho no elegido e
inevitable al mismo tiempo (la muerte forma parte de la vida).
Cuando una persona sufre la pérdida de sus padres, sus hijos, sus hermanos,
su pareja o un amigo íntimo, algo muy importante cambia en su núcleo de
intimidad.
Ese impacto genera un dolor profundo, y si este dolor perdura en el tiempo,
se convierte en sufrimiento. Pero no tiene que ser así. El dolor es inevitable,
pero recordar a quién se fue por lo que nos dejó, el ejemplo de vida que nos dio,
los momentos alegres compartidos, puede llevarnos a aceptar esa pérdida y
transitar por la confusión y la tristeza del momento, sin caer en un sentimiento
de sufrimiento y de desesperación constante.
También puede ser que
el establecimiento de nuevos objetivos permita a quien quiere rehacer su vida,
enfocar su energía en algo positivo para sí mismo. A fin de cuentas, quien
nos ha dejado, sin duda sentía por nosotros el afecto que sentimos por él o
ella, y no habría querido vernos tristes para siempre.
¿Puede el coaching ayudar a transitar o a superar este difícil trance?
Algunas personas
deciden hacer un proceso de coaching al poco tiempo de haber
sufrido una pérdida personal importante, o cuando perciben próxima su
recuperación emocional, como una decisión en la que invertir tiempo en su
presente, y para reflexionar sobre nuevos objetivos que traigan consigo nuevas
ilusiones, proyectos y esperanzas.
