La Distinción entre Ser y Hacer, el Camino hacia la Autenticidad
En nuestra sociedad, el «hacer» suele ocupar el centro de nuestra atención. Nos definimos por nuestras tareas, logros y ocupaciones: “Soy abogado”, “Soy madre”, “Soy emprendedor”. Sin embargo, olvidamos que el hacer no define quiénes realmente somos. Aquí es donde surge la distinción esencial entre ser y hacer.
El hacer está relacionado con las acciones, roles y actividades que realizamos en nuestra vida diaria. Aunque son importantes, a menudo nos dejamos atrapar por el constante movimiento de las metas y obligaciones, perdiendo de vista nuestra esencia.
Vivir únicamente en el hacer puede desconectarnos de nuestras emociones, valores y propósito.
El ser, en cambio, se refiere a nuestra esencia más profunda, aquello que somos independientemente de nuestras acciones. Es la conexión con nuestras emociones, creencias y autenticidad. No está condicionado por el éxito o los fracasos, sino que existe simplemente porque somos.
Cuando alineamos lo que hacemos con lo que somos, vivimos de manera más auténtica y plena. El desafío está en preguntarnos: ¿Mis acciones reflejan mis valores? ¿Estoy actuando desde mi esencia o desde la presión externa?
Cultivar el ser requiere momentos de pausa, reflexión y conexión con uno mismo. Practicar mindfulness, meditar o simplemente estar presente nos ayuda a recordar quiénes somos más allá de lo que hacemos.
El verdadero equilibrio surge cuando el hacer nace del ser. Cuando actuamos desde nuestra autenticidad, nuestras acciones cobran más sentido y propósito. Recuerda que no somos lo que hacemos; somos quienes somos. Y eso, en sí mismo, ya es suficiente.
