Todo lo que hacemos, o dejamos de hacer, o la forma en que la hacemos, depende de nuestras emociones. Esas emociones se derivan de nuestros propios pensamientos, o de
nuestra programación innata (desarrollados desde el inicio de la humanidad
hasta nuestros ancestros más cercanos)
Las emociones nos han dotado durante nuestra evolución como seres humanos de una mayor seguridad o nos han protegido de las amenazas. Desde el principio de los tiempos nos han ayudado a adaptarnos, alcanzar nuestros objetivos y comunicarnos con nosotros mismos y con los demás.
Son sumamente útiles. El miedo, por ejemplo, nos permite detectar amenazas y buscar las herramientas necesarias para generarnos una zona segura. Si voy conduciendo, el miedo sería el encargado de hacer que me coloque el cinturón de seguridad o respete las normas de circulación. Sabe que hay una amenaza real, tener un accidente, y nos muestra cómo acabar con ella.
El tema es que a veces respondemos igual ante situaciones distintas. No podemos diferenciar las situaciones de peligro reales de las que no lo son.
La tristeza es otra de las emociones “negativas”, una que no nos gusta sentir y que tendemos a evitar y rechazar con frecuencia. Sin embargo, igual que las demás, tiene una gran utilidad (dejando de lado que nos hace llorar o no querer salir de la cama): lo que busca es nuestro desarrollo, que alcancemos un estado mejor al que tenemos cuando la sentimos. Es la responsable de que reflexionemos, de que nos comuniquemos y, sobre todo, de que hallemos soluciones.
Todas las emociones nos están comunicando algo. Por eso, la Neurodecodificación ayuda a encontrar el origen de dichas emociones, y trabajando sobre esas causas, es que se pueden cambiar las emociones que cualquier evento nos generan.
Y con emociones distintas, podemos actuar distinto y lograr resultados distintos.
Si actuamos respondiendo a la emoción incorrecta, no vamos a conseguir el mejor resultado (seguro que no el que estamos buscando).
Nuestro inconsciente, a partir de nuestras memorias, vinculadas con las emociones cristalizadas de aquel momento, nos hace repetir y revivir situaciones, ya sea que nos hubieran pasado a nosotros, o “heredadas” de la familia, para poder repararlas.
Esta metodología, la Neurodecodificación Laboral nos permite identificar esos patrones que nos llevan a revivir y reparar situaciones, resolver estos bloqueos, y así abandonar
esa “necesidad de seguir” reviviendo y reparando las mismas situaciones una y
otra vez.
